martes, 22 de febrero de 2011

YO Y EL LIBERALISMO

El otro día, hablando sobre la imperiosa necesidad de pagar una matrícula más acorde con lo que cuesta una educación universitaria, una persona, acompañó la siguiente expresión con gestos muy reveladores: ¡es que los neoliberales quieren privatizar la educación superior! Mi primera reacción era contestar, con gestos muy parecidos, ¿y?, pero algo me contuvo y no dije absolutamente nada, porque sabía que de allí en adelante no habría diálogo, simplemente porque cuando difieres de la opinión alguien te califican como problemático o peor aún, defensor de algo; sin necesariamente serlo.

Pero vayamos al tema; hoy todos hablan del liberalismo (o neoliberalismo), pero la gran mayoría ni siquiera sabe lo que significa, no saben de lo que hablan. Y no es para menos; hay una gran confusión con respecto a lo que es el liberalismo. De ahí que quiero aprovechar, no para explicar lo que es el liberalismo, sino para esbozar mi pensamiento, mi forma de ser liberal.

Veo la educación como el pilar sobre el cual descansa el desarrollo, el avance de las sociedades, y la realización plena de los individuos. Por tanto, creo en la educación excelente, al margen de que sea pública o privada. Creo en la educación que forme verdaderos pensadores, visionarios, excelentes profesionales; es decir, no creo en nuestro sistema educativo actual, formador de mediocres. Creo que se debe pagar por la verdadera educación, antes o después de graduado.

Creo en el trabajo, en el trabajo productivo, arduo, esmerado. Y no me explico como en un país donde cotidianamente se habla de lo pobre que somos, nos damos el lujo de no trabajar los sábados y de apenas trabajar los otros días. ¡Paradójico! Queremos dejar de ser pobres, pero sin trabajar. Y después nos llenamos la boca hablando de soberanía.

Creo en la libre empresa y en la empresa privada; sobre todo en la capacidad empresarial acompañada de ingenio y deseos. No creo en los pseudo-empresarios; aquellos que abren tarde y cierran temprano, aquellos para quienes el cliente no es rey sino un mal necesario, aquellos que hoy en día abren un negocio sin pensar en el estacionamiento para el cliente, o ocupan el único o el mejor espacio para estacionar sus propios vehículos; aquellos que compran un Mitsubishi Montero para hacer los mandados, pero no invierten en una máquina de fax o en una impresora. No habrá progreso económico o social con esta clase de empresarios.

No creo en los monopolios, ni privados ni estatales, ya que con ellos se cercena la libertad del ciudadano de participar en la actividades económicas, impidiendo así su realización plena. La motivación central de la actividad económica es el constante incremento del bienestar de los ciudadanos (la eliminación de la pobreza), y la existencia de monopolios es incompatible con ella.

Creo en el orden y en la limpieza. No podremos alcanzar altos niveles de desarrollo y bienestar, ni podremos esperar comportamientos de altura, viviendo en el desorden y en el basurero en que vivimos. ¿Por qué aceptamos vivir así?

Creo en el deber, y no sólo en los derechos. Creo en asumir mis propias responsabilidades. Creo en hacer todo lo que esté a mi alcance para triunfar y progresar, y mientras no haga esto, no creo tener el derecho de responsabilizar a otros (extranjeros, multinacionales) de mis fracasos, por más culpables que parezcan. Esta actitud es de “criollazos”, de acomplejados.

Creo en el Estado, moderno y eficiente. Creo en la funciones propias del gobierno. El gobierno tiene un rol fundamental que jugar en todo el funcionamiento de la sociedad. Tiene su función que cumplir en cuanto a la administración de justicia, seguridad ciudadana, infraestructura pública; en cuanto a fijar las reglas del juego y velar por su cumplimiento. Sin embargo, ha fracasado en todo aquello que le es natural, propio. No creo en el estado empresario. Un estado incapaz de cumplir con las obligaciones que le son propias, no podrá ser un buen empresario.

Decía Ortega y Gasset: "el liberalismo, antes que una cuestión de más o menos en política (o de más o menos en economía, agrego), es una idea radical sobre la vida”
¡Cómo me duele que haya tan pocos liberales, con o sin el neo!

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